martes, 3 de septiembre de 2013

Incertidumbre

Me paralizo frente al teclado de mi computadora, no tengo la menor idea de cómo irá a seguir (ni menos acabar) lo que escribo a continuación. Nunca fui bueno para planificar.

Tal vez ahí radicaron todos mis problemas. La falta de método, el guiarme solo por el instinto, por la nada científica corazonada y las inmensas ganas de hacer las cosas bien… o no hacerlas.
A veces me estanco, lo reconozco, pero una vez tomada una decisión es la final, para bien o para mal.

Ese fue siempre el motivo por el que me escogían para dar las noticias incómodas, no las buenas ni las malas, sólo las incómodas. Esa habilidad para reconocer el lado débil de las personas, sus defectos, y… tratarlos con suavidad, con respeto, implacable guante blanco.
Pero siempre es un salto al vacío, la decisión tomada, la palabra lanzada, el adiós o el hola en punta de la lengua…

A veces tomas decisiones tan radicales y fuertes, que puedes escuchar como las estructuras del destino se retuercen, crujen y se rompen para dar paso a un nuevo camino, desafiante, ni oscuro ni claro… pero totalmente ajeno al que tenías minutos antes.
Recuerdo cuando comencé a postergar escribir en el blog, unas semanas, unos meses, para luego pasar años sin siquiera recordar los motivos para crearlo. Hoy me encuentro donde hace años ni sospechaba estar, trabajo nuevo, amistades nuevas, relaciones nuevas… con lo viejo en ruinas. Empezando de nuevo como siempre…

Mi intuición me dice que el camino es el correcto, mi corazón me dice que lo reencontrado es verdadero, puro, fuerte… miro por la ventana hacia la calle, y el futuro tiene colores nuevos, desconocidos, la vida siempre cambia entre vértigo, sorpresas e incertidumbres.

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