viernes, 13 de noviembre de 2009

Cacería

Esta noche una densa capa de nubes cubre el cielo y mi ciudad, como un esponjoso y tenebroso límite entre el asfalto, el cemento y el cielo que no veo por varias noches.

Existen momentos en la vida que marcan hitos, pero pocas veces estamos lo suficientemente sensitivos o despiertos para darnos cuenta de ellos. solo nos despierta un profundo autoanálisis o la cercanía de la muerte. No pienso ahora en ninguno de los dos.

Pudo haber pasado en un bosque alejado, en un pueblo olvidado, en un barrio abandonado, pero tuvo que ocurrir aquí en el centro de la ciudad, en medio de mi territorio. Catorce muertos, todos con la garganta destrozada y totalmente desangrados, todos ellos en menos de tres semanas.

Desde luego, toda la zona está repleta de policías, algunos en rondas nocturnas y otros encubiertos, y los infaltables guardias privados. Algunos me observan mientras camino por estas calles, huyo de sus miradas molesto, no por miedo sino por la terrible incomodidad de ver gente tan tensa en una zona de la ciudad que considero mía.

Los de mi especie somos sumamente territoriales y eso nos caracteriza tanto como nuestra sed de sangre o la debilidad mortal a la luz solar.

Pero me desagrada y me preocupa más el causante de esa matanza. Un vampiro. No pudo ser otro ente nocturno pues la total carencia de sangre es como nuestra huella digital.

Claro, los medios de comunicación dijeron que se trataría de un asesino en serie con posibles inclinaciones a realizar ritos satánicos, pero ese tipo de desgarramiento solo lo puede lograr un ser con tremenda fuerza y poca experiencia.

Es fácil, y muy común, que un vampiro reciente, un novato, destroce a su víctima en el afán de obtener la sangre vital. Me pasó a mí hace años. Tan sólo la práctica y la adecuada instrucción hacen que nos refinemos a tal punto que cubramos perfectamente nuestras huellas. El no hacerlo atraería innecesariamente la atención y se podría reanudar la temporada de caza que nos diezmó según me indicó un anciano vampiro, Don Vicente de Argandeña, hace poco más de seis centurias.

Eso nos redujo en número, para bien o para mal, por eso es que ahora somos más cuidadosos y salvajes en cuanto a nuestro territorio.

Un par de policías me vienen siguiendo, acelero el paso y ellos también lo hacen. Doblo una esquina y entro a un callejón. Para cuando ellos hacen lo propio yo ya no estoy en él, sino cuatro pisos arriba, sobre el techo de un edificio.

Trepo por las paredes del edificio contiguo, sin mayor esfuerzo, sin cansancio, la naturalidad que solo da la práctica y mi propia condición.

Estos son mis barrios, mi ciudad, mi dominio. Como vampiro todas las vidas humanas en esta parte de la ciudad me pertenecen y puedo hacer con ellas lo que me plazca, siempre y cuando no llame demasiado la atención y ponga en peligro el secreto de nuestra existencia. Eso es poder, un poder con el que no estoy completamente cómodo pero al que ya me he acostumbrado.

Poder que comparto con alguien. O ¿es ella quien lo comparte conmigo?

- Hola Rubén, querido.

No necesito voltear para saber quien es.

- Ayesha. – saludo, mientras sigo observando a la gente que camina por la calle. – ¿No creerás que fui yo?

- ¿El asesino descuidado? ¿El imbécil que nos pone en riesgo? – Camina lentamente, no la veo, pero oigo claramente el sonido de sus botas pesadas estilo militar. – No. Te enseñé muy bien y sé que no es tu naturaleza el llamar la atención. Aunque creo también que por eso desperdicias tu potencial.

- Lo dices como si fuera algo malo – replico. Estoy tentado a mirarla, pero sé que perdería toda fuerza.

- No es malo, claro, si no quieres llegar a vivir un año más…

Siento rabia y la miro. Ahí está. Dulce y perversa. Enfundada en una chaqueta de cuero negro y unos jeans algo anchos. Sus botas de batalla, como ella les llama, son pesadas, duras y con una suela dispuesta a agarrarse del piso, no deja nada al azar, su existencia dependerá de ello.

Su pálido rostro es iluminado por el brillo de sus ojos, por esa mirada tan suya, tan viva, tan aterradoramente intensa.

- Te lo dije, Rubén, no te puedo proteger por siempre.

Condescendiente, se detiene a mi lado y mira hacia la calle. Sabe que ganó, pero parece preocupada, no me mira directamente y continúa.

- Tienes quince años como vampiro y no has desarrollado tus poderes latentes. Yo, desde la última vez que nos vimos levito 15 centímetros más y puedo avanzar lentamente hacia atrás y hacia delante. ¿Quieres ver?
- No, gracias- retrocedo y me estremezco- no creo soportar ver tus ojos tan… deformados. Al día siguiente no dormí bien.
- ¿Acaso te asusté? – dice en tono irónico y luego ríe, como una niña que acaba de hacer una travesura. - Como si tú te pusieras bonito cuando muestras los colmillos...

Incrementó su poder, puedo sentirlo, su seguridad, su confianza en ella misma, es increíble casi tangible. Me siento como el aprendiz de artes marciales en su primer día, viendo al maestro con su cinturón negro de tercer grado… inalcanzable, frustrantemente inalcanzable.

Se me cruza una terrible y tétrica idea… ¿cuántas personas murieron en manos de esta dulce y terrible vampiresa para incrementar sus poderes a tal grado? ¿Hasta dónde piensa llegar?

Miro hacia la densa capa de nubes… empieza a caer una fina lluvia.

Entre un segundo y otro, entre sístole y diástole, imperceptible por los humanos y casi desapercibido por mí hay silencio en la ciudad. Un silencio de muerte. Lo reconozco porque siempre pasa cuando ataco a una víctima, pero nunca lo había sentido cuando otro vampiro mataba a alguien. Ni siquiera estando cerca de Ayesha en sus cacerías.

- ¿Sentiste eso? – sonríe ella, se incorpora como un fantástico felino, inspira, me mira de reojo y continúa. – Alguien ha sido asesinado por un vampiro… sígueme, lo atraparemos.

No espera mi respuesta, retrocede dos pasos y salta del edificio, cruzando la calle. La sigo instantáneamente, no dudo un instante en hacer su voluntad. Me recuerda, como casi siempre, a la flama y la polilla.

Corremos por los edificios, entre ellos, encima de ellos, como sombras entre sombras mientras una débil lluvia nos empapa persistentemente.

Ayesha desaparece de mi vista pero yo sigo corriendo. Intento localizarla o ver al vampiro que causó silencio y muerte, pero es en vano. Hemos recorrido media ciudad en apenas unos minutos y de pronto me siento solo. Sé que me equivoco.

Mi carrera se ve interrumpida, he sido sujetado por el brazo derecho con tremenda fuerza, quiero zafarme pero una suave mano me tapa la boca y comprendo. Los ojos de Ayesha, se mantienen firmes señalando y mirando hacia el cercano y desolado parque, donde un hombre alto, robusto y vestido de traje formal camina despreocupadamente.

En su manga hay una gota de sangre humana. Lo sé porque es el único sabor que puedo distinguir, lo único que me mantiene con vida y lo único en gustos que mi muerte en vida puede disfrutar.

Es un vampiro robusto… imponente. Calculo que, tranquilamente y sin siquiera agitarse, daría cuenta de nosotros dos, sin embargo finjo una confianza que no tengo, inspiro lentamente y me dirijo a Ayesha.

- Ese tipo es enorme, pero aún así… es mi territorio.

La busco con la mirada, pero ella ya dio un magnífico salto, limpio, hacia él. Hago lo propio, frustrado pues ella no escuchó mi frase hecha.

Aterrizo cerca de Ayesha, quien se encuentra dos pasos adelante, frente al extraño.

- Buenas noches, señorita – dice el vampiro – Usted debe ser la ama del territorio… y claro... su protegido.

El tono de desprecio al referirse a mí, hace que me hierva la sangre. Ayesha lo mira, lo estudia, lo admira y por un instante siento celos. Sin perder el temple, sin mostrar emoción alguna ella rectifica.

- Pues te equivocas, es exactamente al revés. Él, Rubén, me protege.

Pongo mi cara más seria, pero por dentro estoy totalmente sorprendido. Ni en el mejor de mis sueños esperé escuchar esas palabras de ella.

- Pues, entonces… sepan que estoy solo de paso y que tuve que reponer fuerzas – me mira y parece que sus ojos me taladran, pero le sigo el juego – Ahora me voy.

Voltea y nos da la espalda, en un pestañeo la bella vampiresa está delante de él. Es pequeña en comparación conmigo pero aunque debería parecer diminuta frente al extraño, su seguridad y sus movimientos decididos dan la impresión de un porte mucho, pero mucho, mayor.

Me acerco rápidamente a él y lo tomo por el hombro, debo saber por qué fue tan descuidado y por qué está en mi territorio. Tener hambre no es pretexto para matar catorce humanos en mis dominios.

Al instante estoy con la cara adolorida, estrellado contra un árbol que juraría que crujió al golpear contra él. El vampiro me golpeó tan fuerte y rápido que no tuve ocasión de ver siquiera su mano abierta antes de llegar a mi rostro. Me pregunto que habría pasado si su puño hubiera estado cerrado. Mi arrogancia pagó su precio.

- ¡No te atrevas a tocarme, plebeyo! – dice con rabia en la voz

Ayesha no pide explicaciones ni las da. Ataca y golpea al extraño con todas sus fuerzas, con gran habilidad.

Sigo atontado, mientras veo como en sueños la brutal escena. Uñas convertidas en garras, dientes en comillos y ojos inyectados en sangre mientras los hábiles pares de manos y pies buscan los puntos débiles de uno y otro rival.

Ayesha recibe un golpe aún más fuerte que el que me dio a mí. Solo retrocede unos centímetros, su energía es increíble. Me incorporo para ayudarla, corro hacia el corpulento vampiro y éste gira para atacarme. Ayesha aprovecha la distracción, salta hacia él y luego, como flotando, toma posición para, de un formidable zarpazo, destrozar la garganta del agresor.

El extraño cae al piso, instintivamente lleva sus manos a la garganta, no hay sangre en la herida pues la sangre de los vampiros se vuelve polvo al contacto con el aire, sin embargo se nota el sufrimiento del individuo.

La vampiresa levita hacia él, le agarra de los cabellos con la mano izquierda y lo levanta. El vampiro, antes imponente, se retuerce en agonía, con sus ojos llenos de dolor, ira y algo que parece desconcierto. Ayesha levanta su garra derecha, mientras el extraño me lanza una última mirada que no logro descifrar, y luego atesta un fuerte golpe contra el ya maltrecho cuello, separando tosca, irremediable y visiblemente la cabeza del cuerpo del vampiro.

Al instante, el cuerpo y la cabeza se convierten en algo parecido a cenizas, polvo de un cuerpo que debió haber sido consumido por el tiempo hace ya varios siglos.

Ayesha me mira, y un escalofrío me recorre el espinazo. Está extasiada, respira lenta y controladamente, su cara desencajada y sus pies a unos 40 centímetros del suelo. Levita como nunca antes la vi.

Desciende, camina hacia mí mientras limpia y sacude el polvo que antes fuera su oponente, algo queda aún en su chaqueta mezclado con la llovizna que no cesa de caer, sus facciones vuelven a ser angelicales.

- Ya terminó – le digo
- Por el momento, pero te repito, no puedo cuidarte por siempre.

Me da un beso en la mejilla magullada, voltea y camina hacia el centro del parque. Quiero seguirla, pero aún estoy temblando. La situación me deja pensando en mi supervivencia. Yo creía ser inmortal, y me veo en un mundo terrorífico real, con casi ningún aliado, sin esperanza. Nuevamente, después de quince años, tengo la certeza de mi muerte.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Una vida larga y próspera... bueno "otra" vida


Bogutácora del Malvadoso Capi. Fecha espacial 2009.11.04x3.1416. Aproveché el feriado de la festividad de Todos Santos y conseguí el video de Star Trek, la más reciente película de la franquicia de Gene Roddenberry que tuvo sus orígenes allá por los 60’s.


La trama estuvo de lo más interesante, incluido el viaje en el tiempo del Señor Spock O-R-I-G-I-N-A-L, ¡Leonard Nimoy en persona! Miechi… incluso se encontraron las versiones joven y vieja del personaje, dándole a mi parecer un excelente certificado de “autenticidad”.


Pero, a mi buen entender, allí empezó todo el desbarajuste.


Me pasé toda la película esperando el famoso cliché en el que a través de máquinas, agujeros negros, disturbios espacio-temporales, viajes superando la velocidad de la luz, etc., etc., etc. y muchísimos etc. a los que nos tienen acostumbrados, pues los personajes regresen en el tiempo y… ¡DEJEN TODO COMO ESTABA!


Ok, ahí viene mi neurosis, pues a mí me gustó mucho la serie original (que pude ver recién en los 80 gracias a la repetición de un canal local y al FANATISMO de mi señor padre) y (a pesar del disgusto de mi progenitor y de las continuas interrupciones en la continuidad de la serie) me encantó Star Trek La Nueva Generación, sin embargo el hecho de que se haya alterado la “línea temporal” debido al argumento de la película , pues me deja sin asidero y rompe mis esquemas. Y eso que no soy ningún "trekkie".


Lo cual me hace cuestionar, en la nueva “continuidad del Universo de Star Trek”:


- El Capitán Kirk, ¿será menos… panchonchito? Espero que Scotty lo sea.


- Mr. Spock, ¿tendrá descendencia vulcana y afroamericana?


- La caída del muro de Berlín, el retorno de Rusia al capitalismo, el “socialismo del siglo XXI”, ¿no son por sí solos suficientes argumentos para alterar la continuidad dado que Checov era además de ruso, socialista o comunista?


- Y en “La Nueva Generación”… el Capitán Picard, ¿tendrá cabello?; el comandante Data, ¿se parecerá a C3PO?


Son interrogantes que resolverán, espero, en algunos años… claro si sobrevivimos al cataclismos del 2012, pero esa es otra historia.


Por el momento me voy, dejándoles una fotonovela de Star Trek, esas que rondaron los años 60's y 70's en la revista GeoMundo, se titula "LA CIUDAD EN EL ABISMO ETERNO" (click aquí), para que vean que los viajes en el tiempo no son cosa de otro mundo... jajaja de otro mundo ... jajaja ¿¿entendieron? de ... otro .. este... mejor me voy.


Abraxos