jueves, 29 de noviembre de 2007

VIRUS

COMENZAR

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Maldita guerra.

Creo que me vuelvo loco.

Han pasado varios días, quizás meses, pero a mi me parecen tan solo unas horas. Batalla tras batalla, victoria tras victoria.

De mi batallón quedamos pocos, aunque todas las bajas han sido cubiertas por tropas nuevas, nuevos guerreros, nueva sangre para ser derramada en este maldito juego.

Mis compañeros y yo avanzamos sin rumbo… siempre nos movemos así, como guiados por una mano invisible que domina nuestra voluntad. Combatimos, morimos y luego los que quedan siguen avanzando.

Intento conversar con mis compañeros, pero su adiestramiento como soldados los hace ignorarme. He visto como combaten a ogros y zombis, espada y escudo en mano, sin siquiera pestañear, aún cuando los sombríos magos enemigos reviven a los caídos para volverse contra nosotros, ni una sola muestra de asombro sale de sus rostros. Lo único que hacen es combatir y… morir.

Yo rompí con la tradición guerrera de la concentración, aunque no fue adrede. Todo empezó en una campaña en la que mi escuadrón tenía que buscar y obtener la Poción Azul de la Inteligencia.

Nos encontramos luego de muchas batallas en una profunda cueva, cientos de reptiles y arañas poblaban aquél siniestro antro. Acabamos con casi todos, mientras llegamos a las profundidades de la caverna, donde se encontraba la diminuta botella que contenía el brebaje.

Pudo haberlo cogido cualquiera, pero lo hice yo. Mientras mis amigos combatían a los muertos vivientes, ancestros revividos por invocaciones de magia protectora, yo tomé la poción mientras se oía un coro anunciando nuestro triunfo.

Mi concentración guerrera se rompió, escuché por primera vez todo alrededor, los ruidos de las espadas, el sonido de nuestros pasos y… aquella maldita música.

Esa música que aún retumba en mis oídos, batalla tras batalla, segundo tras segundo. Aún domina a mis compañeros, pero a mí no.

Debo reconocer que no es del todo malo, porque el estado meditativo casi hipnótico de mis compañeros muchas veces les impidió ver los mayores peligros.

Recuerdo cuando fuimos cercados por unos ogros en el Bosque de las Lágrimas. Mientras mis compañeros combatían en un claro del bosque, yo me interné en su espesura, cubriéndome con los árboles.

Aunque llamé a mis amigos, ninguno me hizo caso. Pero los ogros me buscaron y siguieron; al estar dentro del bosque tuvieron que formar una fila para atacarme y yo tan solo tuve que esperar y acabarlos uno por uno. Quince ogros muertos, todos por mi espada.

Me vuelvo loco, pero sigo avanzando. La lucha nos espera y pronto todo acabará.

Envidio a mis compañeros, caminando sin miedo, afrontando lo que venga con valor, casi resignados a morir.

Yo tiemblo, ellos siguen caminando.

Está pasando de nuevo. La locura está afectando.

Todos mis compañeros se han quedado quietos, mientras el cielo parece haber cambiado de color. El paisaje se ha congelado, miro a lo lejos y veo unos muertos vivientes que también están como detenidos en el tiempo.

Solo yo me muevo.

Hay un pozo a unos pasos de distancia y me acerco a él. Por más que intento no puedo mover la manivela y sacar agua. Veo una aldeana, quieta por supuesto, cargando un balde con agua. Me aproximo. Quiero quitarle el balde y no sucede nada.

De pronto veo mi reflejo en el agua del recipiente.

No recuerdo cuando fue la última vez que vi mi rostro. Trato de recordar y solo puedo ver retazos de las batallas en las que he combatido, antes de eso…

Mis cavilaciones se ven interrumpidas por el ruido y la música que indican que la batalla se ha reanudado.

La mujer con el balde corre despavorida, pero no por mi presencia sino por la cercanía de un ejército de cadáveres guerreros, prestos a acabar con la aldea y con nuestras tropas.

Veo como mis compañeros, siempre en trance, dan una dura pelea, sin embargo algunos caen y sus cadáveres, iluminados por una mortecina luz verde, se reaniman y pelean contra sus, ahora, ex camaradas.

Conozco esa magia. Busco con la mirada al Mago Oscuro, alguno debe haber, que realiza tal abominable hechizo de resurrección.

Rodeado de cuatro esqueletos soldados está el que busco. Los ataco, hacen un círculo a mi alrededor y atacan casi al mismo tiempo. Soy alcanzado por una de sus espadas, aunque no veo mi herida he sentido claramente el golpe, presiento que le atinaron a mi escudo.

Normalmente retrocedería unos pasos, eso es lo natural es lo que hacen todos los guerreros de mi tropa, pero sé que eso esperan mis contrincantes. Así que esquivo otro golpe de espada de una grotesca calaca andante y me sitúo delante del Mago Oscuro

Cierro los ojos y asesto cuantos golpes puedo, estos magos no son buenos combatientes pero son bastante duros.

Cae.

Su cuerpo de deshace aceleradamente.

Cojo su cetro, aunque no se supone que yo deba hacer eso. Siento dolor en los brazos, no sé si por el esfuerzo o por alguna magia en el cetro. Se incrementa el dolor y miro al cielo.

Extraños signos aparecen en el cielo, mientras todo alrededor nuevamente se detiene.

La música que viene de todos y ningún lado ha cambiado y los signos del cielo cambian y todo adquiere una tonalidad azul-violácea.

Intento descifrar los signos.

Tomo mi escudo y lo utilizo como espejo, mientras veo aterrado en letras distorsionadas el mensaje de una inteligencia superior.

No recuerdo nada antes de ser un guerrero, nada antes de las batallas; sé que empecé a ser yo mismo desde aquella vez que tomé esa poción azul. No recuerdo ni mi nombre pero igual rezo a los dioses para que termine esta guerra, este absurdo juego.

Mientas el cielo cambia de color, se ilumina y se oscurece de golpe, en ese preciso instante lo sé pero tengo que pronunciarlo.

- Yo soy …

¿TERMINAR?

SI

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- Antonio, hijo. Ven a cenar.

- Ya voy.

- Apaga ese aparato y apúrate.

- Creo que tengo que comprar un antivirus.

- ¿Por qué? ¿Pasa algo malo con tu computadora?

- Sip, en una misión de mi nuevo juego algo fallaba con uno de mis soldados, se comportaba extrañamente. Incluso hacía unas maniobras medio raras sin que yo mueva el ratón.

- Tal vez así sea el juego.

- Tal vez, pero era el único soldado que se movía aunque pausara el juego. Y, al final… parecía que… me estaba mirando.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

En tolerancia

Mientras intentaba escribir ayer, pues solo me salían cuestiones políticas que, siendo franco, atacaban a uno y otro bando.
Pero, en mi típico estilo mediador y conciliador busco las respuestas en otro lado e intento comprender los orígenes de la intolerancia.
Como todo lo que vemos fuera de nosotros es lo que traemos por dentro, la intolerancia no podría ser de otra manera.
Antony de Melho dice:
El dolor existe, y el sufri­miento sólo surge cuando te resistes al dolor. Si tú aceptas el dolor, el sufrimiento no existe. El dolor no es inaguantable, porque tiene un sentido comprensible en donde se remansa. Lo inaguantable es te­ner el cuerpo aquí y la mente en el pasa­do o en el futuro.
Lo insoportable es querer distorsio­nar la realidad, que es inamovible. Eso sí que es insoportable. Es una lucha in­útil como es inútil su resultado: el su­frimiento. No se puede luchar por lo que no existe.
Sufrimos cuando queremos que las cosas sean de una manera distinta a la que son.
La filosofía budista y otras corrientes orientales dicen: Lo que no te gusta de otros es lo mismo que no te agrada de mismo. O como dijo Confucio: Cuando veas a un hombre sabio, piensa en igualar sus virtudes. Cuando veas un hombre desprovisto de virtud, examínate a ti mismo.

Para terminar con las citas de personajes sabios adjunto esta tira de Garfield, que refleja que en la intolerancia y en los puntos de vista cerrados que obnubilan nuestra mente el problema lo tenemos nosotros, las cosas son como son pero sufrir y hacer sufrir a la gente por nuestras percepciones y perspectivas es una opción que en mi caso prefiero no tomar.
¿Para qué puse esta entrada?
La verdad... para recordarme a mí mismo que me falta andar en tolerancia, y que siempre se puede ampliar la conciencia, el corazón y dejar al espíritu ver las cosas como Dios las debe ver.
Si le sirve a alguien más...

jueves, 15 de noviembre de 2007

500 segundos

Son las tres de la tarde con 18 minutos, camino por las calles de la ciudad con destino a mi casa.

Mierda… tantos problemas. Cuentas por pagar, discutí con mi novia, en casa seguro que mi madre se enojó conmigo porque no fui a almorzar con ella. Mi padre, como siempre, me dirá que intentó escribir algo, pero no le salió nada bueno así que seguro leyó algo para poder inspirarse y sustentar aún más sus escritos.

Camino y transpiro. Hace calor.

De pronto veo que todo se aclara. No, no son mis pensamientos ni una ilusión, realmente percibí un aumento en la claridad del día.

Casi sin pensarlo, por instinto diría yo, me refugio de la luz bajo la marquesina de un edificio.

Me arden los ojos, sorprendidos por el súbito relámpago, en la calle, varias personas hacen igual, otras que están protegidas por gafas oscuras, miran a todo lado como queriendo acostumbrarse a la nueva luminosidad. A unos y a otros nos pasa lo mismo, estamos desconcertados.

Luego de unos segundos, la luz del día vuelve a la normalidad. Miro un niño que llora mientras observa el cielo, salgo de la sombra salvadora del edificio y empiezo a retomar mi camino.

Un hombre que camina cerca, no deja de murmurar.

Me pregunto qué habrá sido esa explosión de luz, no hubo ruido ni temblores ni movimiento ni nada, solo la brillantez aumentada a una tarde común.

Siento frío.

Dejo de pensar en el asunto mientras llego a casa, seguro en las noticias dirán algo.

Saco mis llaves, escojo la de mi puerta y la acerco a la ranura de la chapa… antes de poder meterla, la puerta se abre.

- Hijo, hijito – dice mi madre mientras me abraza. Está llorando. – Mirá la tele…

Como siempre que mi madre llora, le abrazo y le doy un beso en la frente.

Mi papá está frente al televisor, lo veo pálido. Saludo y me siento a su lado, quiero quitarle el control remoto para subirle el volumen al aparato, pero está como adherido a la mano de mi padre, que férreamente sostiene el negro artefacto.

Mi padre entiende mi gesto y sube el volumen.

Las noticias vienen del exterior, es el mismo canal de noticias que transmitió las guerras de Irak y los atentados de septiembre de 2001, no hay presentadora, tan solo su voz “en off” y las imágenes en video de un círculo brillante que supongo es la luna.

Mi madre sigue llorando, pero me aíslo un momento de su drama… quiero ver que pasa. La voz en off indica que “el fenómeno se registró a las 18:12 horas GMT, y comenzó con un súbito incremento del volumen del astro rey,... este aumento ocasionó una repentina brillantez que se percibió en algunos lugares del planeta como una explosión de luz”.

- Ah, eso era, yo lo vi. Todo se puso blanco en la calle. – Me apresuré a comentar, con el alivio de quien se da cuenta que ya pasó lo peor.

- Shhh –

Mi padre mira el televisor y me indica con un dedo que siga también mirándolo.

Continúan las imágenes de ese círculo de luz, aunque parece que su brillo habría disminuido. La luna, que mierdas hacía yo mirando la luna por la tele a las cinco de la tarde… siento frío, transpiro más frío aun.

Algo está mal… terriblemente mal.

No pueden ser las cinco de la tarde, aunque la luz en la calle ha disminuido notablemente, se nota en las sombras que el sol no está por ponerse. Mi madre llora y no puede articular palabras, abrazo a mi madre y la conduzco hasta el sillón donde está mi padre.

Veo las imágenes en el televisor, una débil llamarada se desprende del círculo luminoso…en la luna no hay llamaradas. Siento un mareo y entiendo.

El círculo transmitido por la televisión no es la luna, es un agonizante sol a cuya muerte invitan, por la magia de la comunicación satelital, a todo el mundo.

Escucho a la locutora, indica que los científicos habían predicho que esto pasaría dentro de 5000 millones de años, pero estaba sucediendo hoy. No había explicaciones, no había sirenas, no hay mensajes de los líderes mundiales, todo es repentino.

La imagen tiene mucha interferencia, pero la escucha es nítida. Rápidamente la imagen deja de ser brillante, se oscurece. Como una brasa en agua el sol se apaga.

Veo gente en las calles, a través de mi ventana. Beso a mi madre… le digo automáticamente que todo va a estar bien, obviamente ni yo me lo creo.


Salgo a la calle, me asombra que no haya saqueos, ni gente gritando. Suena mi celular, el identificador me indica que llaman del móvil de mi novia.


Interrumpo la conexión y apago el aparato.


Con una profunda tristeza miro al cielo, la luz del sol aún nos llega, pero es escasa. Intuyo que lo que mostraron en televisión fue tomado con satélites o telescopios… si el sol se había apagado, solo nos quedan 500 segundos de día y pienso verlos, aquí… de pie.


480… 470… 300 … 256… 100…


Y de paso calculé mal.

Buenas y eternas noches.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Déjame una entrada que me dure hasta el lunes

Salgo un momento de mi oficina, bajo los cuatro pisos necesarios para llegar hasta la entrada. En la calle pasan algunos autos, no muchos, pero la cercanía a la esquina conlleva el inevitable bullicio de bocinas, las cuales funcionan cual gritos mecánicos de las frustraciones de los chóferes.
Busco con la mirada una tienda o un kiosko abiertos. Encuentro uno.
Esquivo a un transeúnte, embobado con su celular mientras camina; llego hasta el kiosko elegido.
Indecisión.
Miro por mirar, sabiendo que realmente no quiero nada para comer... tan solo necesito algo de aire y el pretexto para salir del trabajo aunque sea tan solo por cinco minutos.
(Mierda que calor que hace, no???)
Saludo a la señora y le compro unos cigarrillos, pago y me voy.
Le saco un poco el papel al cigarrillo antes de llevármelo a la boca, una vez allí... lo muerdo.
Chocolate!!!
Por suerte no lo prendí, ¿a que sabe el chocolate quemado? ¿también producirá cáncer?
Subo las escaleras que llevan a mi oficina... piso 1, cansado, piso 2... agitado, mierda debo hacer más ejercicio (y eso que me ufano de haber perdido peso), piso 3... emputado saco el pañuelo y me limpio la nariz (para qué describir las amarillo-verdosas propiedades de la mucosa nasal)... entre el descanso y las fosas nasales limpias la subida termina con éxito.
Y así... mientras escucho Owner of a lonely heart de Yes, escribo la pequeña odisea de mis cigarros de chocolate.
Si alguien se pregunta de cual fumo... pues no lo hago, creo que es mi adicción al complejo B o como me dijo un amigo "que se me soltó la muñeca" para escribir, lo cierto es que no podía despedir mi viernes sin una nueva entrada, aunque sea simple.
Hago click en publicar entrada y... listo.
(que mentiroso que soy... si hubiera hecho lo último no hubiera podido escribir esto)

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Pay-per-view with the vampire


A veces me gusta mirar a la gente y sus pequeñas vidas... a veces, cuando tengo el ego muy inflado y creo que YO sí tengo una vida.

La manía de la gente de medir los logros propios comparándolos con los ajenos y viceversa.

Pero, sin mucho esfuerzo a decir verdad, hay personas que más que tener una vida parecen cargar una muerte móvil.

Se levantan, desayunan, salen de casa, trabajan, vuelven a casa y duermen.

Para hacerlo peor lo hacen sin sentido, por inercia.

Esas personas que ni siquiera se deprimen por la "vida" que llevan, porque hace muchos años que sus sentimientos y su sensibilidad murió. Dicen que aman pero sin pasión, odian dentro de lo "políticamente correcto", sufren con sus telenovelas, trabajan para comer(ciales)... mueren todos sus días sin poner en cuestión su existencia.

Otras personas, los que considero vivos (no avivados ni vivillos) son lo más parecido a un artista... preguntan, sienten, se inquietan, la chispa o el sol de la vida sale por sus ojos, ojos de distintas edades no necesariamente iguales a la edad cronológica de sus poseedores. Esta gente realiza varias actividades: desayuna, trabaja, ama, odia, sufre, se alegra... con la gran diferencia de la conciencia, saben lo que quieren, lo que les gusta, lo que les mueve, conocen su norte... el sentido que define sus vidas.

Como dicen en Matrix Reloaded, en la conversación entre Neo, el Agente Smith y sus clones o réplicas o lo que sean... (comienzo cita)

Smith: Como usted bien sabe, las apariencias engañan, lo que me lleva a pensar en el motivo por el que estamos aquí. No estamos aquí porque seamos libres. Si estamos aquí es porque no lo somos. No existen motivos para huir, ni hay razón para negar el objetivo, porque ambos sabemos que sin un objetivo, no existiríamos...

Clones: Es el objetivo lo que nos ha creado...el objetivo nos vincula, el objetivo nos motiva, nos guía, nos mueve, es el objetivo lo que nos define, el objetivo nos mantiene unidos.

Smith: Estamos aquí por usted señor Anderson, para arrebatarle lo que usted intento arrebatarnos. ¡El objetivo!

(fin de cita)

Y las personas vivas tienen un objetivo... aunque algunas no lo conocen conscientemente, lo intuyen o lo buscan!!!

A veces me siento como en Resident Evil... rodeado de cadáveres, que de paso juran que por comer y joderle la vida al resto están vivos.

Identifico a los vivos por la fuerza de su mirada, por la convicción en sus palabras (habladas o escritas), por la serenidad y la pasión, por lo firme de su apretón de manos, por la cara de felices que tienen en la calle mientras los muertos no miran nada o se burlan de su "candidez".

Hoy me desperté amargo.

Yo como siempre... buscando, me resisto a ser un muerto, prefiero no estarlo pero la vida se me escapa a veces y también soy un cadáver. Busco la vida en los pocos vivos que conozco y me alimento de ella, pero la vida no se puede robar ni menos imitar... Vampiro soy, pagando (caro) por ver el mundo de los vivos mientras intento no arrastrarme como los muertos.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Miedos de comunicación

Ayer, mientras hervía la noche de fantasmas, monstruos, brujas y varias personas de todas las edades disfrazadas, vi a un señor que me pareció tan familiar que instintivamente lo saludé.
A poco de eso me devanaba los sesos buscando una referencia, un nombre, un lugar... algo que me indique donde había conocido a ese hombre. Casi me resignaba a olvidar el asunto, hasta que a pocos metros de donde me hallaba, una señora había hecho exactamente lo mismo que yo, saludó al sujeto.
Esta señora, sin embargo había entablado conversación con John (les juro que así se llama el personaje que nos ocupa) y estaba muy animada, tanto que olvidó por un momento la cara de aburrimiento de su bruja (hija disfrazada), que desde abajo miraba con impaciencia a su madre con unos ojitos de "mamá apúrate, quiero ir a la Casa del Terror".
La aguda voz de la señora me trajo el nombre del tipo al que YO había saludado: John. Mierda!!! yo no conozco ningún John, bueno conozco varios Juanes a los que les dicen Johnny, pero John... lo que se dice John, ninguno.
Por fin caí en cuenta del lugar del que conocía al hombre ese... de la TV.
Y ese es el punto de hoy: la ilusión que nos dan los medios de familiaridad.
De tanto ver a los comentaristas, a los conductores de programas se nos han hecho tan familiares que los consideramos parte de nuestra cotidianidad.
Pensaba yo: como no lo voy a conocer a este tipo si lo veo todos los días en mi casa, en mi sala. Como no saludarle si tomamos desayuno juntos...
Por eso es que a veces nos tomamos tiempo para hablarles, para llamarles, para escribirles algo en sus blogs, porque, de cierta manera, les conocemos!!!
Sin embargo, y el reverso de esta medalla, entre las masas (de donde viene el término "masivo" de los medios de comunicación) está el total aislamiento de la gente.
En la mañana, mientras me subía al minibus que me llevó a la oficina, cinco de los 15 ocupantes del vehículo usaban auriculares, y... oh sorpresa, 2 de ellos estaban sintonizando la misma emisora radial. Sin embargo no se miraron siquiera, ni una mirada o sonrisa cómplice.
Esa es la mayor ilusión de los medios de comunicación masiva... el decirnos que estamos comunicados, el darnos la falacia de la integración entre escuchas o televidentes, la falsa familiaridad, el engaño de que somos comunidad.
Aislados como vivimos en el siglo XXI, los medios de comunicación (canales "de la familia", "la magia de estar juntos", "tu voz amiga", etc.) sostienen la ilusión del grupo, de la pertenencia, imagen que se perpetúa en el internet con la formación de grupos y comunidades que comparten los mismos gustos o aficiones.
¿Dónde quedaron los amigos de carne y hueso, los problemas que se discutían en la mesa de una casa, los trabajos en grupo (que no es lo mismo que trabajos en red), la cooperación, el calor humano?
La comunicación social, la comunicación de masas, y la comunicación de amigos tienen que empezar a cuestionar (y si es posible revertir) el profundo aislamiento de la gente, su profundo descontento, la necesidad de tener relaciones humanas de verdad y no virtuales.
Estos medios realmente me dan miedo.