viernes 13 de noviembre de 2009

Cacería

Esta noche una densa capa de nubes cubre el cielo y mi ciudad, como un esponjoso y tenebroso límite entre el asfalto, el cemento y el cielo que no veo por varias noches.

Existen momentos en la vida que marcan hitos, pero pocas veces estamos lo suficientemente sensitivos o despiertos para darnos cuenta de ellos. solo nos despierta un profundo autoanálisis o la cercanía de la muerte. No pienso ahora en ninguno de los dos.

Pudo haber pasado en un bosque alejado, en un pueblo olvidado, en un barrio abandonado, pero tuvo que ocurrir aquí en el centro de la ciudad, en medio de mi territorio. Catorce muertos, todos con la garganta destrozada y totalmente desangrados, todos ellos en menos de tres semanas.

Desde luego, toda la zona está repleta de policías, algunos en rondas nocturnas y otros encubiertos, y los infaltables guardias privados. Algunos me observan mientras camino por estas calles, huyo de sus miradas molesto, no por miedo sino por la terrible incomodidad de ver gente tan tensa en una zona de la ciudad que considero mía.

Los de mi especie somos sumamente territoriales y eso nos caracteriza tanto como nuestra sed de sangre o la debilidad mortal a la luz solar.

Pero me desagrada y me preocupa más el causante de esa matanza. Un vampiro. No pudo ser otro ente nocturno pues la total carencia de sangre es como nuestra huella digital.

Claro, los medios de comunicación dijeron que se trataría de un asesino en serie con posibles inclinaciones a realizar ritos satánicos, pero ese tipo de desgarramiento solo lo puede lograr un ser con tremenda fuerza y poca experiencia.

Es fácil, y muy común, que un vampiro reciente, un novato, destroce a su víctima en el afán de obtener la sangre vital. Me pasó a mí hace años. Tan sólo la práctica y la adecuada instrucción hacen que nos refinemos a tal punto que cubramos perfectamente nuestras huellas. El no hacerlo atraería innecesariamente la atención y se podría reanudar la temporada de caza que nos diezmó según me indicó un anciano vampiro, Don Vicente de Argandeña, hace poco más de seis centurias.

Eso nos redujo en número, para bien o para mal, por eso es que ahora somos más cuidadosos y salvajes en cuanto a nuestro territorio.

Un par de policías me vienen siguiendo, acelero el paso y ellos también lo hacen. Doblo una esquina y entro a un callejón. Para cuando ellos hacen lo propio yo ya no estoy en él, sino cuatro pisos arriba, sobre el techo de un edificio.

Trepo por las paredes del edificio contiguo, sin mayor esfuerzo, sin cansancio, la naturalidad que solo da la práctica y mi propia condición.

Estos son mis barrios, mi ciudad, mi dominio. Como vampiro todas las vidas humanas en esta parte de la ciudad me pertenecen y puedo hacer con ellas lo que me plazca, siempre y cuando no llame demasiado la atención y ponga en peligro el secreto de nuestra existencia. Eso es poder, un poder con el que no estoy completamente cómodo pero al que ya me he acostumbrado.

Poder que comparto con alguien. O ¿es ella quien lo comparte conmigo?

- Hola Rubén, querido.

No necesito voltear para saber quien es.

- Ayesha. – saludo, mientras sigo observando a la gente que camina por la calle. – ¿No creerás que fui yo?

- ¿El asesino descuidado? ¿El imbécil que nos pone en riesgo? – Camina lentamente, no la veo, pero oigo claramente el sonido de sus botas pesadas estilo militar. – No. Te enseñé muy bien y sé que no es tu naturaleza el llamar la atención. Aunque creo también que por eso desperdicias tu potencial.

- Lo dices como si fuera algo malo – replico. Estoy tentado a mirarla, pero sé que perdería toda fuerza.

- No es malo, claro, si no quieres llegar a vivir un año más…

Siento rabia y la miro. Ahí está. Dulce y perversa. Enfundada en una chaqueta de cuero negro y unos jeans algo anchos. Sus botas de batalla, como ella les llama, son pesadas, duras y con una suela dispuesta a agarrarse del piso, no deja nada al azar, su existencia dependerá de ello.

Su pálido rostro es iluminado por el brillo de sus ojos, por esa mirada tan suya, tan viva, tan aterradoramente intensa.

- Te lo dije, Rubén, no te puedo proteger por siempre.

Condescendiente, se detiene a mi lado y mira hacia la calle. Sabe que ganó, pero parece preocupada, no me mira directamente y continúa.

- Tienes quince años como vampiro y no has desarrollado tus poderes latentes. Yo, desde la última vez que nos vimos levito 15 centímetros más y puedo avanzar lentamente hacia atrás y hacia delante. ¿Quieres ver?
- No, gracias- retrocedo y me estremezco- no creo soportar ver tus ojos tan… deformados. Al día siguiente no dormí bien.
- ¿Acaso te asusté? – dice en tono irónico y luego ríe, como una niña que acaba de hacer una travesura. - Como si tú te pusieras bonito cuando muestras los colmillos...

Incrementó su poder, puedo sentirlo, su seguridad, su confianza en ella misma, es increíble casi tangible. Me siento como el aprendiz de artes marciales en su primer día, viendo al maestro con su cinturón negro de tercer grado… inalcanzable, frustrantemente inalcanzable.

Se me cruza una terrible y tétrica idea… ¿cuántas personas murieron en manos de esta dulce y terrible vampiresa para incrementar sus poderes a tal grado? ¿Hasta dónde piensa llegar?

Miro hacia la densa capa de nubes… empieza a caer una fina lluvia.

Entre un segundo y otro, entre sístole y diástole, imperceptible por los humanos y casi desapercibido por mí hay silencio en la ciudad. Un silencio de muerte. Lo reconozco porque siempre pasa cuando ataco a una víctima, pero nunca lo había sentido cuando otro vampiro mataba a alguien. Ni siquiera estando cerca de Ayesha en sus cacerías.

- ¿Sentiste eso? – sonríe ella, se incorpora como un fantástico felino, inspira, me mira de reojo y continúa. – Alguien ha sido asesinado por un vampiro… sígueme, lo atraparemos.

No espera mi respuesta, retrocede dos pasos y salta del edificio, cruzando la calle. La sigo instantáneamente, no dudo un instante en hacer su voluntad. Me recuerda, como casi siempre, a la flama y la polilla.

Corremos por los edificios, entre ellos, encima de ellos, como sombras entre sombras mientras una débil lluvia nos empapa persistentemente.

Ayesha desaparece de mi vista pero yo sigo corriendo. Intento localizarla o ver al vampiro que causó silencio y muerte, pero es en vano. Hemos recorrido media ciudad en apenas unos minutos y de pronto me siento solo. Sé que me equivoco.

Mi carrera se ve interrumpida, he sido sujetado por el brazo derecho con tremenda fuerza, quiero zafarme pero una suave mano me tapa la boca y comprendo. Los ojos de Ayesha, se mantienen firmes señalando y mirando hacia el cercano y desolado parque, donde un hombre alto, robusto y vestido de traje formal camina despreocupadamente.

En su manga hay una gota de sangre humana. Lo sé porque es el único sabor que puedo distinguir, lo único que me mantiene con vida y lo único en gustos que mi muerte en vida puede disfrutar.

Es un vampiro robusto… imponente. Calculo que, tranquilamente y sin siquiera agitarse, daría cuenta de nosotros dos, sin embargo finjo una confianza que no tengo, inspiro lentamente y me dirijo a Ayesha.

- Ese tipo es enorme, pero aún así… es mi territorio.

La busco con la mirada, pero ella ya dio un magnífico salto, limpio, hacia él. Hago lo propio, frustrado pues ella no escuchó mi frase hecha.

Aterrizo cerca de Ayesha, quien se encuentra dos pasos adelante, frente al extraño.

- Buenas noches, señorita – dice el vampiro – Usted debe ser la ama del territorio… y claro... su protegido.

El tono de desprecio al referirse a mí, hace que me hierva la sangre. Ayesha lo mira, lo estudia, lo admira y por un instante siento celos. Sin perder el temple, sin mostrar emoción alguna ella rectifica.

- Pues te equivocas, es exactamente al revés. Él, Rubén, me protege.

Pongo mi cara más seria, pero por dentro estoy totalmente sorprendido. Ni en el mejor de mis sueños esperé escuchar esas palabras de ella.

- Pues, entonces… sepan que estoy solo de paso y que tuve que reponer fuerzas – me mira y parece que sus ojos me taladran, pero le sigo el juego – Ahora me voy.

Voltea y nos da la espalda, en un pestañeo la bella vampiresa está delante de él. Es pequeña en comparación conmigo pero aunque debería parecer diminuta frente al extraño, su seguridad y sus movimientos decididos dan la impresión de un porte mucho, pero mucho, mayor.

Me acerco rápidamente a él y lo tomo por el hombro, debo saber por qué fue tan descuidado y por qué está en mi territorio. Tener hambre no es pretexto para matar catorce humanos en mis dominios.

Al instante estoy con la cara adolorida, estrellado contra un árbol que juraría que crujió al golpear contra él. El vampiro me golpeó tan fuerte y rápido que no tuve ocasión de ver siquiera su mano abierta antes de llegar a mi rostro. Me pregunto que habría pasado si su puño hubiera estado cerrado. Mi arrogancia pagó su precio.

- ¡No te atrevas a tocarme, plebeyo! – dice con rabia en la voz

Ayesha no pide explicaciones ni las da. Ataca y golpea al extraño con todas sus fuerzas, con gran habilidad.

Sigo atontado, mientras veo como en sueños la brutal escena. Uñas convertidas en garras, dientes en comillos y ojos inyectados en sangre mientras los hábiles pares de manos y pies buscan los puntos débiles de uno y otro rival.

Ayesha recibe un golpe aún más fuerte que el que me dio a mí. Solo retrocede unos centímetros, su energía es increíble. Me incorporo para ayudarla, corro hacia el corpulento vampiro y éste gira para atacarme. Ayesha aprovecha la distracción, salta hacia él y luego, como flotando, toma posición para, de un formidable zarpazo, destrozar la garganta del agresor.

El extraño cae al piso, instintivamente lleva sus manos a la garganta, no hay sangre en la herida pues la sangre de los vampiros se vuelve polvo al contacto con el aire, sin embargo se nota el sufrimiento del individuo.

La vampiresa levita hacia él, le agarra de los cabellos con la mano izquierda y lo levanta. El vampiro, antes imponente, se retuerce en agonía, con sus ojos llenos de dolor, ira y algo que parece desconcierto. Ayesha levanta su garra derecha, mientras el extraño me lanza una última mirada que no logro descifrar, y luego atesta un fuerte golpe contra el ya maltrecho cuello, separando tosca, irremediable y visiblemente la cabeza del cuerpo del vampiro.

Al instante, el cuerpo y la cabeza se convierten en algo parecido a cenizas, polvo de un cuerpo que debió haber sido consumido por el tiempo hace ya varios siglos.

Ayesha me mira, y un escalofrío me recorre el espinazo. Está extasiada, respira lenta y controladamente, su cara desencajada y sus pies a unos 40 centímetros del suelo. Levita como nunca antes la vi.

Desciende, camina hacia mí mientras limpia y sacude el polvo que antes fuera su oponente, algo queda aún en su chaqueta mezclado con la llovizna que no cesa de caer, sus facciones vuelven a ser angelicales.

- Ya terminó – le digo
- Por el momento, pero te repito, no puedo cuidarte por siempre.

Me da un beso en la mejilla magullada, voltea y camina hacia el centro del parque. Quiero seguirla, pero aún estoy temblando. La situación me deja pensando en mi supervivencia. Yo creía ser inmortal, y me veo en un mundo terrorífico real, con casi ningún aliado, sin esperanza. Nuevamente, después de quince años, tengo la certeza de mi muerte.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Una vida larga y próspera... bueno "otra" vida


Bogutácora del Malvadoso Capi. Fecha espacial 2009.11.04x3.1416. Aproveché el feriado de la festividad de Todos Santos y conseguí el video de Star Trek, la más reciente película de la franquicia de Gene Roddenberry que tuvo sus orígenes allá por los 60’s.


La trama estuvo de lo más interesante, incluido el viaje en el tiempo del Señor Spock O-R-I-G-I-N-A-L, ¡Leonard Nimoy en persona! Miechi… incluso se encontraron las versiones joven y vieja del personaje, dándole a mi parecer un excelente certificado de “autenticidad”.


Pero, a mi buen entender, allí empezó todo el desbarajuste.


Me pasé toda la película esperando el famoso cliché en el que a través de máquinas, agujeros negros, disturbios espacio-temporales, viajes superando la velocidad de la luz, etc., etc., etc. y muchísimos etc. a los que nos tienen acostumbrados, pues los personajes regresen en el tiempo y… ¡DEJEN TODO COMO ESTABA!


Ok, ahí viene mi neurosis, pues a mí me gustó mucho la serie original (que pude ver recién en los 80 gracias a la repetición de un canal local y al FANATISMO de mi señor padre) y (a pesar del disgusto de mi progenitor y de las continuas interrupciones en la continuidad de la serie) me encantó Star Trek La Nueva Generación, sin embargo el hecho de que se haya alterado la “línea temporal” debido al argumento de la película , pues me deja sin asidero y rompe mis esquemas. Y eso que no soy ningún "trekkie".


Lo cual me hace cuestionar, en la nueva “continuidad del Universo de Star Trek”:


- El Capitán Kirk, ¿será menos… panchonchito? Espero que Scotty lo sea.


- Mr. Spock, ¿tendrá descendencia vulcana y afroamericana?


- La caída del muro de Berlín, el retorno de Rusia al capitalismo, el “socialismo del siglo XXI”, ¿no son por sí solos suficientes argumentos para alterar la continuidad dado que Checov era además de ruso, socialista o comunista?


- Y en “La Nueva Generación”… el Capitán Picard, ¿tendrá cabello?; el comandante Data, ¿se parecerá a C3PO?


Son interrogantes que resolverán, espero, en algunos años… claro si sobrevivimos al cataclismos del 2012, pero esa es otra historia.


Por el momento me voy, dejándoles una fotonovela de Star Trek, esas que rondaron los años 60's y 70's en la revista GeoMundo, se titula "LA CIUDAD EN EL ABISMO ETERNO" (click aquí), para que vean que los viajes en el tiempo no son cosa de otro mundo... jajaja de otro mundo ... jajaja ¿¿entendieron? de ... otro .. este... mejor me voy.


Abraxos

martes 22 de septiembre de 2009

Tal para cual - La entrada rosa del blog

Tengo varios recuerdos de mi niñez, pero pocas impresiones emocionales duran hasta ahora. Algunas incluso de mis sueños!!! Imagínense, tengo 37 años a la fecha y recuerdo pesadillas que tuve a los 5.


Recuerdo también, que desde muy chiquito encontré el gusto por el bello sexo, por las mujeres y por supuesto, referencia obligada, las actrices de TV.


No me refiero a niñas, salvo las excepciones de Lucerito y Melissa Sue Anderson (Mary Ingalls), sino mujeres hechas y derechas como la vocalista rubia de ABBA, Agnetha Fältskog, y por supuesto Olivia Newton John.


Hace poco se me quedó una canción dando vueltas en la cabeza, pero no lograba ubicarla, así yendo hasta el límite, esforzando mis pobres neuronas, recordé que se trataba de la hermosa rubia de mi infancia, Olivia Newton John, y de un video que me encantaba ver una y otra vez, a cada instante en la TV.


Pasó que a la séptima ocasión que corría hacia la TV, dejando mis tareas escolares, limpieza, juegos, o lo que sea que estuviera haciendo en ese momento, mi hermano (quien no había sido tan despistado como parecía) ya se percató de mi particular afición por el video musical “Twist of Fate”, de la película “Tal para cual” (Two of a kind, en inglish).


Así, al poco tiempo, cuando empezaba el video en cuestión mi hermano gritaba: “Maldad!!, está empezando tu canción… tu novia está en la tele!!” y al poco tiempo, solo por el placer de hermano mayor de torturar, me llamaba: “Maldaaaaaad, mi novia está en la tele!!!”.


Golpes, llantos, retadas por parte de nuestros padres, pero igual la veía y pensaba que ni siquiera mi hermano o John Travolta podrían separarnos jamás.


Y así concluye la entrada rosa, fresa, cursi. Colgado está el video y puesto está el link de descarga.


DESCARGAR - Twist of Fate, Olivia Newton John




Abraxos!!


miércoles 16 de septiembre de 2009

Paz y Guerra

Echo mano de una entrada en borrador que dejé inconclusa hace varios meses.

"Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño". "El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar."

Bajo estos dos principios fundamentales Sun Tzu desarrolla su obra "El arte de la Guerra". Este valioso documento llegó a mis manos antes de conocer el internet, cuando era yo un mozalbete que gustaba de patear al prójimo y de, cual gallo de pelea, buscar broncas con medio mundo, sin importar si eran amigos, hermanos, compañeros de colegio, extraños...

Olvidado en un rincón mi viejo ejemplar durmió durante varios años, hasta que un día aparecieron los juegos de estrategia: Age of Empires y StarCraft. Fue entonces que estudié con ahínco sus principios: Atacar un flanco con pocos soldados, para luego atacar por surpresa otra zona con todas tus fuerzas; la ventaja de la posición; fingir debilidad cuando uno es fuerte y fortaleza cuando uno es débil, etc.

Por los naufragios en la red y en algunos libros me enteré de una "segunda parte" del Arte de la Guerra, una escrita por Bin Sun (descendiente directo de Sun Tzu). Y encontré a la vez, comentarios o escritos de otros personajes, como ser Napoleón y Maquiavelo (ahhh el buen Maquiavelo...)

Y para conocer el otro lado de la medalla encontré, sin querer, debo admitir, un pequeño texto con menos de 100 páginas: "El Arte de la Paz", escrito por Morihei Ueshiba, fundador del Aikido.

Algunas citas de ese libro:
- No encares este mundo con temor y rechazo. Afronta con valor todo lo que los dioses te ofrecen.

- Tan pronto como te ocupes del "bien" y el "mal" de tus semejantes, creas una abertura en tu corazón por la que entra la malicia. Examinar, competir y criticar a otros te debilita y te derrota.

- Contempla las obras de este mundo, escucha las palabras del sabio y toma todo lo que es bueno como propio. Con esto como base, abre tu propia puerta a la verdad. No desprecies la verdad que está justo ante ti. Observa como fluye el agua en el arroyo de un valle, suave y libremente entre las rocas. Aprende también de los libros sagrados y de la gente sabia. Cada cosa -- incluyendo ríos y montañas, plantas y árboles -- debería ser tu maestro.
Una maravilla de filosofía, sobre todo en esta época de contínuas crisis, desde las personales a las que engloban más gente, pueblos, culturas, países....

La utilidad de estos textos va más allá de su aplicación a cuestiones de confrontación, es más, todos hacen referencia (algunos de manera muy explícita) a que la lucha es contra nuestros prejuicios, miedos, soberbia, y que el oponente físico (otra persona) es tan solo un compañero en esa lucha.

Hace poco vi un documental del National Geographic en el que un japonés autodidacta en sus estudios de inglés, inspirado en el "Libro de los Cinco Anillos" utilizó la estrategia explicada en esa obra para pulir ese idioma a tal punto que pudo pasar el examen para graduarse como Traductor Simultáneo; siendo uno de los doce que lo lograron entre más de dos mil postulantes. Sublime ejemplo de superación del enemigo o de un obstáculo en base al conocimiento de uno mismo y de sus propias sombras.

Dadas las circunstancias en las que mi país y mi mundo se encuentran, no nos (no me) caería mal empezar a ver al otro como a una parte de uno mismo y no como a un enemigo al que se debe aniquilar.

Adiós a las crisis!!! El que está aquí y allá y más allá es mi hermano... o mejor, todos somos UNO.

Paso a colocar los links de los libros arriba mencionados:


Con la esperanza de haberles sido de utilidad y de despertar la curiosidad de algún lector - buscador, me despido momentáneamente.

Abraxos!!

miércoles 24 de diciembre de 2008

La Señal - Capítulo 3 de 3

El destino del "Arcano 17"

Pasaron tres días luego de haber enviado la señal de auxilio. Ésta, distaba mucho de ser una comunicación como la que los dos guerreros que estaban en el interior de la fragata científica, deseaban.

Por especificaciones técnicas una señal de auxilio se limitaba a un impulso transmitido por una onda subespacial que se transmitía a velocidades superiores a las de la luz, como una señal mandada por el hiperespacio. Tenía tanto de comunicación como una bengala lanzada por un naufrago en medio del mar.

Koroff, mientras supervisaba y realizaba las operaciones de reactivación del motor del "Arcano 17", se había preguntado cientos de veces si estaba ayudando al enemigo, si esto era una trampa, si una vez que la nave pudiera moverse Valahad no entregaría la Garra de Numbuhul a sus superiores y destruirían así su sistema planetario.

Pero vio las grabaciones de la cámara de seguridad.

Limpiamente, Valahad había eliminado a cuarenta y seis miembros de seguridad y tripulantes de la nave en la que estaban ahora. Lo más difícil, según los registros, había sido entrar en el almacén y cambiar los códigos de acceso, fue en esa incursión que habían matado a Sherpoh.

Cuarenta y seis bajas y Valahad sin un rasguño. Eso explicaba la facilidad con que se había soltado de las ataduras que le había hecho. Con un solo movimiento los cables con que le había atado cayeron al piso, sin mayores movimientos, sin alardes de fuerza, sin exageraciones ni demostraciones de poder.

Valahad era un excelente agente de operaciones de comando, pero de naves espaciales no sabía nada, al contrario de Koroff que desde niño había ayudado a su padre en las reparaciones de las naves de combate de su sistema.

La potencia del motor estaba en veinte por ciento, cuando el coronel y el capitán se encontraban en la sala de máquinas, restaurada en parte por los guerreros y en parte por los servicios automáticos de la nave.

- Valahad... - dijo Koroff, mientras analizaba las lecturas en un monitor - las reservas de combustible materia-antimateria están estables, aún así nos quedaremos sin potencia en veinticinco horas. Y no encuentro la falla...

- Ya revisamos todo - contesta cansadamente el coronel - Se me agotan las ideas.

- Reparar naves es sencillo, más sencillo aún que pilotarlas, pero si no logramos mover este cacharro...

- Uno de nuestros sistemas morirá.

El comentario de Valahad, les había hecho reanudar sus labores con mayor ahínco. Casi podían sentir las naves que venían a su encuentro, en respuesta a la llamada de auxilio. Seguramente abordarían la fragata y tomarían la bomba definitiva, para utilizarla inmediatamente.

Revisaron la nave de punta a punta, sin embargo no podían hacer que la nave me moviera, habían pasado cinco días más.

- Nehlá. Revisa conectividad, fuente de energía a motores.

- Conectividad revisada. En línea.

Koroff se movió como incómodo con la respuesta de la computadora de la nave. Se dirigió lentamente a Valahad y le sugirió.

- Repite la orden.

Valahad no dudó, la luz en los ojos de Koroff seguramente significaban algo.

- Nehlá. Revisa conectividad, fuente de energía a motores.

La computadora contestó de igual manera que hace segundos.

- Eso significa... -inquirió Koroff.

- ...que los cables y otros conductos se encuentran en perfecto estado. No entiendo capitán, hice esa pregunta a Nehlá una docena de veces.

- Pregúntale a la nave, sobre el circuito de energía... pero no del motor sino de la red primaria de distribución.

Sin entender del todo, el coronel demoró un par de segundo en ordenar los comandos verbales antes de dar las instrucciones.

- Nehlá. Revisa el estado del circuito de la red de distribución.

- Revisando. Espere, por favor.

Valahad se dio cuenta en seguida que había dado una orden incorrecta, Koroff había sido específico al solicitar información de la red primaria, tendrían que aguardar unos segundos antes de volver a realizar la instrucción.

La voz de la computadora de navegación, se volvió a escuchar.

- Red primaria, operando. Red secundaria, operando. Red terciaria, operando. Red de sistema vitales, operando. Red de...

Valahad se impacientaba y estuvo a punto de ordenar a Nehlá que se calle, cuando empezó a oír el reporte de los sistemas que fallaban.

- ...operando. Red de comunicaciones, inoperante. Red de comunicaciones internas, inoperante. Red de sincronización, inoperante. Red de transmisión externa, inoperante. Red de transmisión interna, inoperante. Fin del reporte.

- ¡Eso es! - gritó Koroff - No podemos sincronizar el arranque, ni el paso de energía... porque tus redes de transmisión no funcionan.

- Todos los conductos, circuitos y cables están íntegros... - dijo Valahad - yo mismo los revisé.

- Yo también los revisé, Coronel. - el Capitán hizo una pausa y continuó - Pero me olvidé de algo... del catalizador.

- ¿El catalizador de qué?

- Bueno en pocas palabras es un líquido en el que flotan partículas metálicas que evitan sobrecargas y a su vez distribuyen los impulsos eléctricos del computador de control del motor a los circuitos de los impulsores.

- Ah... en pocas palabras. - bromeó Valahad

Se distensionaron un poco, mientras Koroff corría las rutinas de diagnóstico en un monitor.

- Las buenas noticias, el sistema de reparaciones ya había encontrado la falla y reparó el contenedor del catalizador. Quizá por eso no pudimos encontrar el desperfecto antes.

- Y, ¿las malas? - preguntó el Coronel.

- El tanque está vacío. Tendremos que ir al almacén del cuarto de máquinas y sacar un contenedor, todas las naves tienen repuestos.

- Esas sí son malas.

- No tanto, coronel, en los cuartos de máquinas hay repuestos.

- Estás suponiendo que aún tenemos un depósito de repuestos para el cuarto de máquinas.

- ¡No lo tenemos? ¿Qué pasó!

- Pues que al entrar al hiperespacio, seguías disparando, varios de tus tiros llegaron a esta nave y puedes imaginarte lo que le hiciste al fuselaje del "Arcano" a esa velocidad... varios pedazos del casco salieron arrancados como pétalos de flor.

Koroff palideció. Valahad no perdía su temple, aunque por dentro estaba casi al borde de la desesperación.

El capitán empezó a caminar decididamente. Valahad lo seguía, intuía hacia donde se dirigía.

La puerta de la cubierta médica se abrió y ambos guerreros entraron decididos.

Valahad, miraba como Koroff buscaba entre las medicinas más avanzadas que tenían en el pequeño depósito refrigerado.

- ¿Te sientes mal? - preguntó Valahad - ¿Puedo ayudarte en algo?

- Claro que me siento mal, si no te hubiera seguido ya habrías destruido la Garra de Numbuhul, pero te seguí y al intentar fallidamente destruirte condené a la muerte a un sistema planetario, quizás el mío.

- Fallidamente... - murmuró el Coronel - Los analgésicos no necesitan refrigeración y los encuent...

Koroff dio un grito de alegría, y saltaba mientras sostenía en una mano un frasco azul pequeño.

- Sabía que lo encontraría.

- Capitán, ¿se encuentra bien? - Valahad, no sabía si compartir la alegría o pasarle un vaso con agua.

- Estoy muy bien, esto nos sacará de aquí.

Koroff corrió hasta la sala de máquinas. Valahad le seguía, preguntando entre jadeos que pasaba.

En la sala de máquinas, el capitán vertió el contenido del pequeño frasco en el contenedor del catalizador... obviamente, por los tamaños distintos de ambos recipientes la medicina apenas llenó una tercera parte del depósito.

- Mierda.

- Aún no entiendo.

Koroff oprimía varios botones, introducía comando por el teclado de su monitor y empezó a explicar.

- El catalizador transmite impulsos eléctricos, y es un sistema inteligente, tiene varios compuestos que asemejan el líquido cefalorraquídeo, por estas características, una versión medicinal del catalizador se utiliza en el tratamiento de problemas en el cerebro.

- Como los espasmos, los problemas de tics nerviosos, epilepsia, enfermedades de la vejez...

- Exacto, por eso utilicé el contenido de ese frasco como catalizador, pero me temo que es muy poco.

- Un poco es mejor que nada, ¿verdad Koroff?.

- No en este caso, Coronel. No existe suficiente volumen de líquido como para que floten adecuadamente las partículas conductoras de energía. Así no podrán arrancar los motores.

Luego de cuatro días, Koroff no había conciliado el sueño, revisaba la nave, hacía cálculos modificaba los circuitos de la nave, pero sin resultados.

Extrañamente, Valahad, no estaba con él. Había pasado un día solo, en su habitación y los otros tres también realizando algún proyecto o reparaciones en otro sector de la nave.

- Koroff... - dijo el Coronel, un día - ¿cómo puedo impedir que la computadora médica decida si un tratamiento es peligroso o no?

- Pégale un tiro.- Contestó Koroff, sin siquiera voltear para verle.

Koroff y Valahad habían desarrollado una admiración mutua, se sabían complementarios, reconocían el valor uno del otro, y sobre todo se respetaban profundamente. En poco tiempo dos enemigos habían compartido, encontrado y adoptado los mismos valores.

Ese día, mientras Koroff y Valahad se encontraban en sus tareas, sonó la voz de Nehlá acompañada de una señal de alarma.

- Atención. Atención. Flota de naves saliendo del hiperespacio. Atención.

Los dos guerreros se encontraron en el puente de mando.

- Mierda. Son los míos - dijo Valahad, mirando la pantalla principal.

En la pantalla se mostraron varias decenas de naves, entre fragatas y cazas; mientras se cambiaba la imagen a un nuevo grupo de naves entrando desde le hiperespacio, la computadora nuevamente informó.

- Atención. Atención. Una nueva flota de naves está saliendo del hiperespacio.

- Y los míos - señaló Koroff.

El coronel Valahad estaba casi en trance, su decisión y valentía se le notaba en la mirada.

- Nehlá. Autorización, código: tres, tres, siete, uno. Acceso total al Capitán Koroff.

- Autorización aceptada. Bienvenido, Capitán Koroff. Estoy a sus órdenes.

El capitán se quedó perplejo.

- ¿Qué hizo coronel?

- Tienes el control total de la nave. Tú eres el mejor piloto que conozco y creo que por eso estás aquí... tienes que sacar al "Arcano" de aquí, si tu gente o la mía nos capturan ambos sistemas planetarios están acabados.

- ¿Los designios superiores?

- Nunca lo dudé.

La computadora dio un nuevo informe.

- Fragatas y cazas aproximándose. Estaremos a tiro en seis minutos, cuarenta y ocho segundos.

- No lo lograremos - dijo Koroff - no sin potencia en los motores. Estamos en uno por ciento.

Valahad ya estaba en el corredor, dirigiéndose a otro sector de la nave.

- Capitán, le espero en la cubierta médica, en tres minutos... prepare la nave para partir.

Koroff nunca había escuchado una voz tan firme, lo cual le indicaba que Valahad había resuelto el problema del catalizador. A lo mejor en esos días había logrado sintetizar más medicina. Con nuevas fuerzas, empezó a realizar los cálculos necesarios para emprender el viaje por el hiperespacio a un sistema también deshabitado. Tardó un minuto en realizar las operaciones.

- Nehlá. Compilar nuevo programa - instruyó Koroff- Plan B.

Luego de programar el curso alternativo, corrió hacia la sala médica. No encontró a nadie, supuso que Valahad llegaría pronto.

La mirada de Koroff se fijó en la puerta de acceso al quirófano, la cual normalmente estaba cerrada. Se acercó a la entrada y pudo ver lo que quedaba de la computadora médica, destrozada por el mismo barrote con el que él había golpeado al coronel semanas antes.

Rápidamente entró al quirófano y pudo ver el cuerpo de Valahad tendido en una silla, con los seguros metálicos en forma de grilletes en sus tobillos y muñecas. Sus dedos crispados y en su cara una mueca, reflejo del inmenso dolor de sus últimos momentos.

El cadáver se encontraba aún tibio.

Al aproximarse, se activó un reproductor de audio.

- Buen capitán - decía la voz de Valahad, en la grabación - me alegra que usted comparta la visión de unos sistemas planetarios en paz, nuestra guerra ya ha llegado demasiado lejos y no tenemos tiempo para convencer a nadie con palabras. Necesitamos mover esta nave y deshacernos de la bomba.

"Por esta razón -continuaba la voz de Valahad, mientras el capitán se acercaba al cuerpo inerte del coronel- como es obvio, necesitamos un buen piloto y un motor funcionando. El piloto es usted, y para darle potencia al motor... pues detrás de mi nuca, dentro del dispositivo médico que tengo ... mmmm conectado, por decirlo así, encontrará un depósito de catalizador, espero que sea suficiente para alejarle de aquí. Buena suerte y que los designios que lo trajeron hasta aquí sean favorables para que cumpla con su cometido. Adiós."

Una metálica aguja se encontraba incrustada en la nuca de Valahad. El aparato parecía un mosquito gigante y grotesco que había succionado el líquido cefalorraquídeo del coronel. A su lado, un monitor indicaba "proceso terminado", y en un compartimento contiguo un frasco con un líquido semitransparente y viscoso que antes de ser purificado y tratado habría estado dentro de la cabeza de Valahad.

Koroff cerró los ojos del coronel y tomó el frasco con el nuevo catalizador. Respiró hondo y corrió al cuarto de máquinas.

Abrió el contenedor para el líquido y vertió la esencia de Valahad dentro. El depósito estaba lleno.

- Nehlá. Inicia encendido del motor.

- Encendido de motor y propulsores iniciado. Potencia del motor en siete por ciento y subiendo.

Koroff corrió por los pasillos de la nave hasta llegar al puente de mando.

- Nehlá. Calcula tiempo para estar a tiro.

- Procesando. Terminado. Tiempo estimado: dos minutos, dos segundos para estar a tiro.

El capitán sabía que no tenían tiempo. Por lo que inició manualmente el arranque del motor.

- Motores al veintiséis por ciento y subiendo. No existe potencia para lograr mayor velocidad.

"Lo sé", pensaba Koroff, "pero ganaré algunos segundos. No permitiré que el sacrificio de Valahad sea fútil".

- Estaremos a tiro en un minuto y treinta y un segundos.

- Nehlá. Prepara balizas para viaje al hiperespacio.

- Balizas preparadas. Capitán, le recuerdo que no tenemos potencia para viaje hiperespacial.

- Lo sé. Continúa con lo ordenado.

La nave se movía pesadamente, mientras Koroff maniobraba la nave para escapar de sus perseguidores.

Un pequeño grupo de cazas, juntamente con las fragatas de ambos bandos habían entrado en combate, sin embargo el grueso de grupos de naves de intercepción de las dos flotas se dedicaban por entero a perseguir al "Arcano 17".

- Nehlá. Reporte.

- Motores al cuarenta y nueve por ciento. Estaremos a tiro en cuarenta segundos.

- Es poco tiempo. No lograremos escapar.

Valahad había dado su vida para evitar la destrucción de dos sistemas planetarios. Por lo menos una flota de cada sistema estaba en la zona tratando de capturar la Garra de Numbuhul. Y la nave no tenía potencia suficiente para saltar al hiperespacio.

Koroff supo lo que tenía que hacer.

"El máximo sacrificio en beneficio de todo ser viviente", había dicho Valahad, "Es el destino de la Garra de Numbuhul, el destino del 'Arcano 17'", pensó Koroff.

- Nehlá. Ejecuta "Plan B".

- Curso rectificado.

- Lanzamiento de balizas de hiperimpulso.

- En tres segundos, Capitán.

- Comunicaciones abiertas.

En la pantalla principal, divida en dos, aparecieron los comandantes de ambas flotas. Koroff, se puso en pie y habló fuerte y claro.

- Ustedes conocen el poder de la Garra de Numbuhul, por eso se encuentran aquí, pero no conocen o no quieren entender las consecuencias de su activación. Por eso les recomiendo que cesen el ataque y que preparen su inmediata retirada.

La computadora de la fragata reportó.

- Balizas disparadas y en posición. Salto al hiperespacio en cuatro segundos.

- Bien, señores... esto es lo que la Garra puede hacer. Reflexionen. Comunicación fuera.

Ambos comandantes trataron de hablar, pero la pantalla mostró el sistema planetario en el que se encontraban, con sus estrellas binarias, rodeadas de asteroides y sobrepuestas indicaciones y líneas del curso programado por el capitán. Koroff volvió a los mandos de la nave.

- Capitán - dijo la computadora- el curso programado es peligroso. No recomiendo seguirlo.

- Nehlá, ¿sabes lo que le pasó a la computadora de mi caza y a la computadora médica?

- Curso confirmado, capitán.

La nave enfiló hacia el camino señalado por las balizas y aceleró.

- Nehlá. -dijo Koroff, mientras la aceleración lo empujaba contra su asiento- Tuviste un gran Coronel en tu tripulación.

- Y un gran Capitán, señor.

En menos de un segundo el "Arcano 17" había recorrido la mitad del sistema solar y evadía como un rayo los asteroides que rodeaban a ambos soles. Las llamaradas solares no lograban acertar a la fragata, ahora diminuta en comparación a las esferas en combustión.

Una centésima de segundo después, el "Arcano 17", cual mosquito contra un elefante, desapareció en la superficie incandescente de uno de los soles.

Las flotas, enemigos mortales, habían comprendido la maniobra y se retiraban a toda velocidad. Balizas de navegación ya habían sido disparadas y fragatas y cazas huían de lo que habían ido a buscar.

El sol que recibió al "Arcano" presentó una depresión en su superficie, luego en ese sector se hinchó como si otro sol estuviera naciendo del mismo. En cuestión de segundos se había expandido la superficie solar y la superficie de la explosión tan lejos que casi tocaba al segundo sol. Algunos asteroides se fundían, explotaban o vaporizaban con la dilatación del astro.

En un nanosegundo los soles se fusionaron, se expandieron y llegaron a multiplicar su diámetro millones de veces, justo en ese momento las flotas de naves aceleraron y saltaron al hiperespacio.

Todo el sistema Divad se convirtió en parte del enorme sol, que ardió como nunca durante tres días enteros, antes de enfriarse y colapsar.

Los testigos de la explosión, guerreros de ambas flotas, contaron lo ocurrido y se realizaron observaciones de los hechos subsiguientes. Todo había sucedido según Sherpoh lo había calculado, pues no solo Divad fue destruido, sino que tres sistemas planetarios vecinos fueron alterados y varios de sus planetas, por suerte deshabitados, destruidos.

El proceso de paz tardó varias decenas de años, pero el sacrificio de Valahad y Koroff dio sus frutos.

Epílogo

Ciento noventa y cinco años, once meses, veintinueve días y veintitrés horas después de la explosión del sistema Divad, la luz de la Garra de Numbuhul continúa su viaje por el espacio.

En un pequeño planeta, un hombre de tez oscura escudriña el cielo nocturno.

- ¿No hay nada, maestro? -dijo su acompañante, cerca del fuego.

- Nada, mi buen amigo. Reviso las cartas astrales y nada, no comprendo.

- Entonces no hay esperanzas. Los astros nos jugaron una mal pasada.

- Encontraremos al rey, Gaspar. No lo dudes, está profetizado.

Otro hombre se acerca a la fogata, arroja unos cuantos leños y suspira.

- Llevamos aquí varios días, deberíamos volver a casa. Algún día escucharemos noticias del rey y lo encontraremos así.

El gran hombre negro, cuya presencia denotaba sabiduría y poder, se acercó al desesperado.

- Que triste escucharte, pero dime ¿diste de comer y beber a los animales?

- Claro que sí, pero no para ir a ver al rey, creo que lo mejor es regresar y me preparo para cuando entres en razón.

"¿Cómo darle esperanza a un incrédulo? ¿Cómo explicarle que existen designios superiores que gobiernan todo lo que ocurre en el universo?", pensaba el hombre de tez morena.

De pronto hubo una total claridad, y la noche se iluminó casi como si fuera de día. Una luz de plata bañaba todo y en el cielo una gran estrella brillaba como nunca.

Cuando el fulgor pasó, la estrella más radiante de la noche se encontraba señalando hacia una pequeña aldea.

Los tres hombres celebraron, saltando y gritando, y en ese instante comprendieron que su viaje no había sido en vano.

- ¡Viste, Melchor!, pese a tu pesimismo encontramos el rumbo- dijo el negro Baltazar.

- Lo acepto - respondió, el antes desesperado, suspiró y añadió- olvido muy a menudo que todo pasa por una razón.

Gaspar empezaba a echarle tierra a la fogata, miró a sus compañeros y dijo.

- ¿Qué esperan? ¡Muévanse! Tenemos que ir a presentar nuestros respetos al Rey.

Y así, mientras emprendían el nuevo rumbo en silencio, sorprendidos por la luz de la estrella y por su renovada esperanza, los hombres de sabiduría esperaban, como otras personas en lejanos tiempos y lugares, que así como ellos lo hicieron, otros puedan percibir La Señal.

FIN

martes 23 de diciembre de 2008

La Señal - Capítulo 2 de 3

La Garra de Numbuhul

Contrasta la fragata de tonos metálicos con la oscuridad del espacio. Las estrellas que brillan en el fondo le dan un aspecto fantasmagórico a la nave, que lentamente se desplaza a la deriva.

Cerca de ella, se encuentra un pequeño caza vacío, o lo que queda de él, apenas sujeto por un cable metálico imitando el cordón umbilical de tremendos monstruos de metal.

En el interior de la fragata, el Coronel Valahad se dirige hacia el pabellón médico por un pasillo escasamente iluminado.

- Nehlá. Informe de las reparaciones.

Una voz femenina, que le pertenece a la computadora del "Arcano 17" contesta:

- Reparaciones iniciadas hace catorce horas, veintisite minutos y dos segundos. Atmósfera artificial restaurada. Sistemas de soporte de vida en reparación, actualmente al sesenta y ocho por ciento. Escudos al tres por ciento y subiendo. Motores al setenta y ocho por ciento. Sistema de defensa y cañones al quince por ciento.

"Retrasos, retrasos " pensaba Valahad, "pero sabemos que todo obedece a designios superiores, aunque a veces sean incomprensibles"

La puerta del pabellón médico se abre automáticamente. En su interior, rodeado por cables y tubos, y dentro de una cápsula de restauración, se encuentra apenas vivo el Capitán Koroff.

"Designios superiores", pensaban.

Pasaron una docena de días, mientras el Capitán Koroff y el "Arcano 17" se recuperaban del fallido salto al hiperespacio. Los reportes de Nehlá eran rutinarios y siempre indicaban mejoría, excepto en dos áreas: comunicaciones y propulsión. En la cubierta de mando, Valahad interrogaba a la computadora de operaciones.

- Nehlá. Análisis de motores...
- Motores al cuarenta por ciento y bajando.
- Reporte de combustible.
- Combustible al ochenta y uno por ciento y estable.
- Rayos...

"La potencia del motor sigue bajando y el combustible materia-antimateria está igual que cuando partí" pensaba el coronel, "Debía haber traído un técnico o algo o alguien"

Pero estaba solo, el único tripulante de una nave secuestrada por él y por un científico ahora muerto. Y para empeorar, seguía a la deriva con una fragata que aunque pudiese hacer funcionar no sabría hacia donde dirigir. Perdido y solo, o casi...

De pronto, sintió un golpe en la cabeza y cayó pesadamente al suelo. Antes de perder el conocimiento pudo ver el borroso rostro del capitán del sistema enemigo.

Luego de un período bastante largo de inconsciencia, el dolor que sentía Valahad en la cabeza se alternaba con ardores en la cara. estaba siendo abofeteado por Koroff, quien quería que su ocasional víctima despierte.

Aún con los ojos cerrados y fingiendo no haber vuelto en sí, el coronel aguantaba el dolor infringido mientras evaluaba la situación. Controlaba su respiración haciéndola rítmica, forzando la inspiración hasta el límite, pero tratando a la vez de no ser obvio.

Un nuevo golpe en la cara le indicó que era el momento de terminar con la farsa. Valahad abrió los ojos, tan solo para ver como un puñetazo se estrellaba contra su ojo izquierdo.

- Por fin despiertas, maldito - dijo Koroff, quien instintivamente tomó distancia del cautivo coronel.

- Veo que te recuperaste. - responde Valahad, con cierto sarcasmo.

Contrariado y confundido, el capitán solo atina a contestar con otro golpe.

- ¿Por qué me sacaste de mi nave? ¿Por qué me curaste?

- ¿En ese orden? Bueno... porque tu nave está completamente deteriorada luego del salto por el hiperespacio y te rescaté diez minutos antes que los sistemas de soporte vital colapsaran. Te curé porque según creo tú y yo buscamos lo mismo.

- ¿La aniquilación del otro? No me parece motivo para rescatar a alguien, más sabiendo que voy a matarte.

- No. Lo que tú quieres es salvar a tu gente, aunque claro, eso tal vez implique la destrucción de mi sistema planetario. Y yo quiero lo mismo, salvar todo lo que amo.

"Todo lo que amo?" pensaba Koroff "este imbécil habla de amor? Yo amo, yo tengo familia, tengo amigos y él quiere destruirlos... ja, amor... tonto"

- ¿Para eso tienes tu arma? ¿La bomba definitiva? - inquirió el capitán.

- La Garra de Numbuhul... ¿quieres verla?

Un escalofrío recorre la espina de Koroff, asiente con la cabeza.

El coronel se pone de pie, está atado. Koroff toma distancia y amenazando con el mismo tubo con que golpeó a Valahad en la cabeza, le hace señas para que avance.

Caminan por varios pasillos, toman un par de elevadores y por fin llegan a la puerta del almacén donde se encuentra el arma.

- Abre la puerta - ordena el capitán- y no digas que se necesita la huella de tu mano, porque te la cortaré antes de desatarte.

El coronel obedece.

- Nehlá. Abre la puerta del almacén cero seis. Código de acceso: Valahad. Cuatro. Dos. Dos. Siete. Sherpoh. Seis. Uno. Nueve. Siete. Mantener escudos de contención.

- Identificación de voz aceptada - contesta la computadora - Código aceptado. Escudos de contención en línea. Pase, Coronel.

El par de guerreros entra por la puerta que se abrió automáticamente. Frente a ellos se encuentra una esfera rodeada de tres campos de energía que giran lentamente en torno a así mismos, cada uno tiene un color determinado: rojo, azul y amarillo. Creando un campo de fuerza magnético, cinco arcos rodean la esfera de energía. El arma asemeja una gran garra metálica sosteniendo la esfera de colores.

- Ahí la tienes, la Garra de Numbuhul.

- Es un sacrilegio... yo conozco tus creencias - dice el capitán- Numbuhul es el creador según tu religión. Y su garra está destinada...

- Al máximo sacrificio en bien de todo ser viviente.

- Y te parece que el bien pase por la destrucción de todo mi sistema planetario.

- Parece que no eres el único que piensa así. Uno de los científicos que desarrolló esta arma fue Sherpoh, de la casa de Niveheh. Pero sus descubrimientos fueron desechados por la casta militar de mi gobierno.

- ¿Qué descubrimientos?

- Pues... déjame mostrártelos. Nehlá... simulación Proyecto Garra de Numbuhul. Sherpoh. nueve. nueve. nueve.

Apareció un holográfico proyectado por un dispositivo en el techo del almacén, mientras desplegaba las imágenes el Coronel Valahad describía la situación.

- Planearon soltar la Garra en medio de tu sistema planetario, no sería difícil, con una nave de pequeñas dimensiones la detección sería imposible. Como ves, esta arma no tiene gran tamaño.
Luego su campo gravitatorio lo acercaría al sol de tu sistema, atrayendo consigo todo lo que se encuentre a su paso... es decir, todo tus planetas. Toda la masa planetaria se evapora antes de entrar en contacto con tu sol y con ello la masa de tus sol se multiplica millones de veces. En menos de dos horas, tu sol tiene miles de veces su diámetro y toda la vida en tu sistema planetario ha sido evaporada, destruida y calcinada.

- Por el Gran Espíritu- dice Koroff, como un suspiro

- Los Jefes Guerreros de mi gobierno estuvieron de acuerdo con el plan, pero Sherpoh continuó con la simulación. Debido al incremento en la masa de tu sol, en menos de tres meses se produciría un colapso gravitacional.

- ¿Qué?

- Eso, todos los planetas del sistema planetario más próximo sería desplazados de sus órbitas, algunos explotarían, otros se alejarían tanto del sol central que se congelarían. Y en cuatro meses, toda la vida en el sistema planetario vecino se extinguiría.

- ¿Tu sistema planetario...? - balbuceó Koroff

- Si, es el más cercano... tiene tres planetas poblados, nunca podríamos diseñar una evacuación ni nada parecido en tan poco tiempo, pero los Jefes Guerreros no escucharon a Sherpoh, tan sólo querían terminar la guerra ganándola.

- ¿Por qué tienes esta bomba?

- La quería sacar de la ecuación de la guerra y hacerla estallar en otro lado, para poder demostrar la teoría de Sherpoh. Así que con su ayuda pude capturar esta fragata científica y huir, pero mataron a Sherpoh en la incursión.

Koroff estaba nervioso, y Valahad lo notó.

- Gracias a ti- continuó Valahad - estamos perdidos, sin comunicación, pero con tu ayuda podremos emitir una señal que les diga a ambos gobiernos la locura de continuar con la guerra, la unión entre nuestras existencias... sin ganadores, pero de seguro sin ningún perdedor.

- ¿No sabes dónde estamos?

- No, solo sé que tenemos un cinturón de asteroides cercano a una estrella doble, planetas sin vida y nada a ciento noventa y seis años luz de distancia.

- Pues este sistema aparece en nuestro mapas estelares, lo conocemos como Divad... y evidentemente no tiene vida, pero...

- ¿Qué?

- Antes de golpearte, activé un dispositivo rastreador de mi nave. La señal es universal, podrían rastrearnos gente de tu sistema o del mío... pero alguien vendrá.

- ¿Tenemos tiempo antes de que vengan?

- Dos semanas, días más, días menos...

La estrella binaria brilla en el negro espacio, dos guerreros comprenden la estupidez de su confrontación, mientras el "Arcano 17" continua a la deriva.

Continuará...

martes 16 de diciembre de 2008

La Señal - Capítulo 1 de 3

Sistemas en guerra


El pequeño caza monoplaza surca el negro abismo del espacio como un rayo, mientras persigue a la fragata estelar “Arcano 17”. En el fondo, alejadas de esta persecución, se encuentran varias centenas de naves de diversos tamaños, enfrascadas en una batalla que muchos esperan sea la definitiva en un conflicto que ya lleva casi trescientos años, y miles de millones de vidas sacrificadas… pero el final tal vez no sea el que tantos esperan.


- No escapará!!! Juro que el maldito no escapará!!! – dice el capitán Koroff, en la ágil nave.


“El destino de millones de vidas está en juego, no voy a dejar que se lleven esa arma…”

La computadora del caza calcula la velocidad del “Arcano 17”, su proximidad y el estado de los escudos.


- Computadora. Escáner a máxima potencia. Reporte de tripulación y carga.

- Escáner activado. Procesando.- Contesta una voz metálica.


El capitán Koroff observa de reojo el avance del análisis solicitado, la barra de estado del escáner está pasando la mitad del total, pronto sabrá donde escondieron la mortal bomba… la que traería la paz a los dos sistemas planetarios, la que acabaría con la guerra.


“Terminar la guerra… a costa de la destrucción de todo mi sistema, de mi mundo, de mi familia y todo lo que conozco”, pensaba Koroff, mientras aceleraba casi al máximo su veloz nave de combate. “A ese precio… JAMÁS”.


- Análisis terminado. La fragata estelar es denominada “Arcano 17”. Tripulación, una persona: humanoide. Compartimiento de carga sellado. Tipo de carga…


Una luz verde ciega momentáneamente a Koroff, mientras su caza se sacude violentamente. Ha sido impactado.


- ¡Computadora. Prioridad. Análisis de combate!


Mientras el experimentado piloto realiza hábiles maniobras evasivas, la computadora muestra en pantalla varios esquemas superpuestos a la imagen real de la fragata estelar. Todos ellos indican lo mismo…


- El “Arcano 17” ha activado su sistema de defensa. Treinta y cuatro de cuarenta cañones de fotones están operando.


- Mierda. Cada vez disparan mejor… pero…


El capitán intenta esquivar los disparos sin pensar, pues necesita utilizar su raciocinio por unos segundos, segundos en los cuales cualquier distracción lo llevará a ser destruido. Pero existe algo… un detalle que se le estaba por escapar.


- Computadora. Corre análisis de patrones de disparo de la fragata estelar.


- Procesando.



“Si esa fragata solo tiene un tripulante, los disparos tienen que ser realizados por la computadora de batalla… si tengo el patrón claro, me podré acercar a la nave antes que ésta intente maniobrar”.


- Análisis terminado. Patrón de disparo en pantalla.


- ¡Lo tengo!


Mientras la computadora muestra cual es el cañón que va a efectuar el próximo disparo, el Capitán Koroff se abre paso entre destellos esmeralda, y continúa la persecución.


- El “Arcano 17” está acelerando. – Informa la computadora de abordo


- Desvía potencia a escudos frontales. Anula los cañones 1, 2, 4 y 5 y deja el 3 en manual. No escapará.


La fragata estelar se mueve rápidamente y el caza continúa la persecución bajo una lluvia de mortales rayos verdes. Los tamaños relativos y la velocidad recuerdan a un galgo huyendo de una libélula, raudos, pero a la vez con la determinación que solo décadas de experiencia en combate han podido templar. No piden ni dan tregua.

De pronto 4 compartimentos localizados en la parte frontal del “Arcano” se abren.

La computadora del caza anuncia.


- El “Arcano 17” se dispone a saltar al hiperespacio. Sus balizas de navegación están siendo cargadas.


El experimentado capitán se desanimó por un segundo. Las balizas de navegación serían disparadas 2.7 segundos antes que la fragata salte al hiperespacio, su función es conducir el impulso inicial de la nave a través de un campo magnético tan poderoso que alinea todo el fuselaje preparándolo para describir un curso en línea recta perfecta durante el viaje a velocidades superiores a la luz.


“Doce balizas disparadas a casi la velocidad de la luz, se detienen a 2 kilómetros en frente de la nave… mierda, no puedo dejarlo escapar”.


- Computadora. Prepara gancho de tracción.


- Petición denegada.


- Prioridad. Preparación de gancho de tracción.


- Petición denegada.


La computadora había analizado la misma opción que el capitán Koroff, el tiempo corría y él sabía que una petición denegada más desembocaría en la anulación del sistema. Era un programa diseñado para salvar la vida del piloto ante órdenes que desemboquen en la obvia aniquilación del tripulante.

Sin tiempo que perder, el piloto del caza sacó su arma de reglamento y disparó a la caja principal de inteligencia artificial y banco de datos de la computadora.


- No tengo tiempo de apagarte, pero ya no podrás tomar tú estas decisiones.


“Las computadoras tratando de salvar vidas, bien para un crucero pero no para la nave de un guerrero”.


Como un pulpo sobre el teclado del panel de control, su mano derecha teclea y activa varias de las funciones que necesita. Mientras tanto, su mano izquierda, firme sobre la palanca de mando sigue manejando la pequeña nave por en medio de ráfagas de fotones verdes que intentan destruirle.

Una señal se activa en la pantalla, las balizas han sido disparadas. Un pequeño destello y de pronto se alinean doce tetraedros en formación, cuatro grupos de tres cada uno. Por el medio de la formación la fragata avanza cambiando la estela de su propulsor de rojo-blanco a azul mientras acelera.

En fracción de segundos Koroff empieza a disparar, sabe que cada disparo dará en su blanco, sin embargo ronda en su mente la posibilidad de no tener tiempo suficiente para destruirlas todas.

En un segundo destruye cuatro balizas y en el próximo destruye dos, sabe que no le queda tiempo pero un rayo proveniente del “Arcano” hace impacto en un alerón del caza, gira sin control, mientras el avezado capitán lucha por seguir en su solitaria misión.

La mira electrónica del caza localiza un sector del fuselaje óptimo para sujeción y sin pensarlo Koroff dispara un gancho que va a clavarse como una garra en la fragata. Un cable metálico muy resistente brilla como el proverbial hilo de plata, nexo entre el cazador y la presa, ambos desproporcionados en tamaño e igualados en valor y habilidad.

El “Arcano 17” acelera y el caza efectúa un último disparo. Una baliza más explota en el espacio.

Una explosión de luz se traga a ambas naves y luego el vacío del espacio y las estrellas son testigos mudos del drama entre una fragata estelar, un pequeño caza monoplaza y sus pilotos.



Continuará...